Cuentacuentos del museo para los curiosos incurables

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Entre los modos de comunicación, la narración es sin duda la forma más eficaz que puede adoptar una institución cultural, precisamente allí donde el lenguaje científico o expositivo ha resultado insuficiente o inadecuado para dar explicaciones. Hoy, más que nunca, es necesario idear nuevas formas de comunicación que permitan a todo tipo de visitantes acceder a todo tipo de segmento cultural. La narración, es decir, el arte de contar historias, siempre ha sido un verdadero portador de valores y se asocia a un tipo de pensamiento que se remonta a la epopeya clásica, a la novela histórica, al motivo encomiable y celebratorio que un artista y narrador hacía de su corte, de su época, de su visión del mundo; transmisión de valores, por tanto, a través de la forma del mito.



El cerebro humano está programado para escuchar historias, pero también está moldeado por ellas: las historias son como el pegamento que hace que la información se adhiera.


Por qué las historias son importantes para los museos

En el pasado han existido muchos museos narrativos. Conviene recordar que en la época del Renacimiento, los príncipes o los eruditos, que disponían de sus propias colecciones, creaban relatos e inventaban sus propias guías culturales, narrando, y a veces reconstruyendo heroicamente, la ubicación de ciertos objetos expuestos. La Wunderkammer era la sala de las maravillas en la que se guardaban los objetos.

Sin embargo, creo que también es justo señalar que los museos narrativos entraron en el debate museológico en los años 90, o justo antes. La necesidad de la narración estaba vinculada a un fenómeno social muy relevante: la afirmación de la centralidad de los recuerdos y la memoria de grupos culturales y lugares específicos que generalmente eran silenciados, junto con la necesidad de reafirmar una identidad que nunca había sido reconocida. Este enfoque alternativo ha permitido pensar en los museos como lugares que recogen y comparten experiencias humanas.



El digital. Un lugar creativo para contar historias en los museos

La narración digital, es decir, la narración en un entorno multimedia, permite la fusión de imágenes, sonidos y narraciones con la intención de crear un contexto comunicativo en el que la participación del visitante o usuario digital es significativa. La narración digital toma prestado su nombre de ciertas experiencias de narración terapéutica, que han suscitado mucho interés en el ámbito psicoanalítico estadounidense. Su principal característica es la forma narrativa con fuertes connotaciones emocionales, sobre todo existe la intención de compartir y difundir a través de la web.


Desde un punto de vista histórico, el primer museo que utilizó la narración de cuentos fue el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York en 1917, gracias a Anna Curtis Chandler, que amplió el programa educativo del museo escribiendo y editando historias y cuentos en diapositivas.


Hoy en día, en la era del Marketing Emocional a toda costa, la auténtica identidad del storytelling puede ser aún más significativa. El objetivo primordial de la narración sigue siendo, en cualquier caso, el intento de involucrar emocionalmente al espectador a través de la narración. ¿Pero es tan fácil como parece?


Cómo encontrar una historia

Hay historias por todas partes. Si mira dentro de un museo, encontrará historias sobre la fundación de la institución, la historia del edificio, las colecciones y sus coleccionistas, los objetos individuales y las personas que los fabricaron, utilizaron, vendieron o poseyeron. Los museos también están llenos de personas que aportan sus propias historias, desde los investigadores hasta los visitantes, pasando por el personal y los voluntarios. 


Nunca hay una sola historia que contar. La búsqueda de una única historia en la que centrarse entre la miríada de opciones puede resultar a veces desorientadora. La esfera en la que viven las historias de los museos, sin descubrir o sin contar, es inmensa. Un museo puede ser el más interesante, el más rico, con los artefactos más asombrosos, pero si la comunicación no logra impresionarnos de alguna manera, ha fracasado en su misión.



La pregunta es: "¿Está contando una historia convincente?"



Cualquiera que haya diseñado una exposición, o haya comisariado una sala en un museo, conoce el reto de hacer que la experiencia sea convincente para un público diverso. Una narración eficaz puede ser una de las herramientas más poderosas para crear exposiciones museísticas atractivas, una forma efectiva de atraer los corazones, las mentes y los espíritus de los visitantes.


La narración digital se inscribe ahora en un debate más amplio, que se ha hecho aún más acuciante a raíz de la pandemia de CoViD-19, que ha puesto el mundo de la cultura y los museos, sobre todo, en el punto de mira en relación con lo digital. La comunicación se traslada al exterior y a las redes sociales, pero el museo sigue vivo.

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